
Esto comenzó el sábado 29 de noviembre de 2008 con un día de sol, impensado para los pronósticos de The Weather Cannel , que daban tormentas eléctricas. Así que dando gracias por nuestra suerte, después de desayunar en el Hotel Gloria de Sta. Rosa de Calamuchita, a eso de las 9hs., partimos rumbo a Yacanto, distante unos 30 km., por pavimento. Al llegar compramos algunas provisiones y tomamos el camino al Cº Los Linderos, que es de tierra consolidada, en muy buenas condiciones con vados hechos en piedra con argamasa, para escurrir el agua de lluvia, sin deteriorar mucho el camino.
Es un trayecto bastante largo de más de 30 km., hay un par de puestos de pobladores de la zona, ya que estamos atravesando propiedad privada.
Unos 3 km. Antes de llegar a la cima, se convierte en empedrado como el de los vados, debido a que por su pendiente se destruía el consolidado. Todo iba de 10, estacionamos el Polo 1.8 MI Full y nos aprestamos a realizar una inspección ocular para encontrar la senda de ascenso al Champa. Nos saludamos con una pareja de cordobeses muy agradable de unos treinta años, Daniel y Elisa, que por su aspecto parecían profesores de gimnasia, el comentario que cruzamos fue " esta nublado menos mal que no llueve".
No tardó mucho en largarse un chubasco, los cordobeses se volvieron y les hicimos señas para que se guarecieran con nosotros en el auto, a esperar que parara. Allí nos reímos de nuestras predicciones meteorológicas , nos enteramos que eran abogados y ni bien paró, nos largamos junto a ellos, en busca de nuestro objetivo la cumbre del Champa.
Ellos adelante y por los primeros pasos, ya nos podíamos imaginar el tamaño de la exigencia, había que sortear rocas de gran tamaño por lo que para nosotros era bastante dificultoso, y entonces Daniel viendo que los íbamos a demorar mucho en el recorrido, luego de mostrarnos en su brújula la dirección Norte -Sur de la montaña, el precipicio que aparecía al Oeste y explicarnos que no había senda, sino que cada uno de nosotros se haría la más conveniente entre el precipicio y las rocas más abajo. Que teníamos que seguir la orientación Norte hasta encontrar unas antenas que delataban la cúspide. Atacó con generosidad la adversidad, por lo que cada vez se distanciaba más de nosotros.

En eso se sintió un gran trueno, nos reímos jodiendo, San Pedro esta corriendo los muebles…….
Y a estaba lloviendo copiosamente por lo que me coloque la capucha de mi rompeviento y Juancho su sombrero Panamá, "hecho en Ecuador", regalo de su amiga ecuatoriana.

Así estábamos de una piedra a otra, poniendo mucho empeño en no resbalar. Mi mente recordó que Juancho el verano pasado se había roto la muñeca al pisar una piedra en una playa de Brasil, que tuvo que regresar de urgencia para ser operado, por lo que le hice el comentario "de paso seguro y ayuda con las manos", así estuvimos un rato largo.
Cada uno de nosotros llevaba una mochila en la espalda, la lluvia no permitía más que unos 100m de visibilidad , se notaba que los cordobeses paraban de vez en cuando para esperarnos y Daniel le dio a Juancho su cayado(bastón de apoyo), para que se ayudara.
Seguimos y seguimos sorteando dificultades hasta que apareció una piedra grande, ellos la sortearon como unas cabras, yo con alguna dificultad y Juancho necesito de mi ayuda para subir. En eso otro relámpago seguido de un gran trueno y caía una granizada estrepitosa del tamaño de sal gruesa, que te hacía doler las manos, continuamos y al ratito descubrimos un saliente en la roca para protegernos.

Caminamos en esa dirección, ya se veían las antenas que delataban la cumbre. Nos guarecimos en ella,
e intercambiamos ideas, todos coincidíamos en que teníamos principios de hipotermia, por lo que decidimos comer lo que llevábamos de provisiones, bananas por el potasio, biscochos salados y club Social de jamón para la presión y gaseosa cola por el azúcar. Nos reímos de nuestra elección de llenar los termos con agua bien helada. El granizo, los refusilos y los truenos no aflojaban y se veían algunas cruces en distintos lugares, por lo que nos dimos cuenta del porque estaban allí. Estaba comprometida nuestra supervivencia .
La decisión fue de hacer cima lo más rápido posible para emprender el regreso de urgencia.
Así que salimos sin las mochilas , al dar vuelta a la saliente había en un hueco una virgencita de Lourdes, que seguramente nos protegió , los últimos 50m lo hicimos rápidamente y conquistamos El Champa. Que emociones mezcladas de satisfacción y plenitud con la de temor de cómo íbamos a salir de esta.
En la cúspide hay un busto del Gral. San Martín mirando a la cordillera, una hélice de Jorge Newbery y algunas cruces en distintos puntos de la cima. Sacamos unas pocas fotos, a pesar de nuestro deseo, pero la supervivencia pudo más y a buscar las mochilas y a iniciar el descenso .



Seguía arreciando el granizo y la hipotermia estaba haciendo estragos ya no sentía las manos, nos guarecimos en otra saliente y en esas condiciones se te nubla la mente, estábamos en una gran roca que yo no sabía como abordarla, mi única reacción fue rezar en silencio, para no contagiar mi angustia a los otros. En eso Daniel se atrevió a reiniciar la marcha, seguido de su mujer Elisa, Juancho y yo. No me pregunten como sorteamos la piedra grande porque no me acuerdo, lo que si me recuerdo es que la montaña estaba toda anegada, todo era un río y sobresalían las piedras por donde íbamos saltando y cuando no metíamos los pies en el agua helada. La misión que me había propuesto era no perder de vista a los cordobeses adelante y a Juancho atrás, al que le arengaba para no detenernos. El camino que seguíamos estaba señalizado con algunos montículos de piedra puestos para ese fin, este era distinto al que hicimos al ascender , era más plano. En un momento después de un rato , Juancho se detuvo , yo me asuste porque parecía que tenía dificultad para respirar, pero cuando me di cuenta que estaba meando me vino el alma al cuerpo. Para ese entonces perdimos a los cordobeses, así que seguimos por instinto se supervivencia, cuando veo que a lo lejos aparecía el pavimento de piedras de la subida y allí estaba esperando Daniel , su mujer se había adelantado para buscar su camioneta y llevarnos al auto. Nos convido unos mates y ellos mismos asintieron que se la habían visto peliaguda, que esta era la vez más exigente que le había tocado. Les agradecimos y les dijimos que de no haber sido por ellos no hubiéramos podido haber conquistado el Champa. Al llegar al auto, no podía encontrar las llaves del auto que tenía en el bolsillo del pantalón por el principio de congelamiento, lo hice y lo arranque, luego pusimos la calefacción a todo lo que da. Después de un rato se empezó a normalizar la circulación de la sangre y cambió el color morcilla de mis dedos.
Nos habíamos salvado de esta y fuimos en busca del baño caliente y ropa seca al hotel.
Bye.bye hasta la pxima aventura .
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